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jueves, 4 de diciembre de 2014

Crear una familia de carácter, PRIMERA PARTE



Vivimos en una época en que la fuerza de la "palabra" es sumamente vulnerable. Fijamos límites con estándares que fácilmente se relajan tendiendo a desaparecer.
Gandhi.JPGPoco defendemos nuestros principios, compromisos y valores. Cuando no fijamos estándares altos, abandonamos a nuestros hijos a sus deseos inmaduros y a las presiones de su grupo y cultura entre pares.

Como vimos en el artículo anterior, Educación emocional en la familia http://serpadreszoebisch.blogspot.mx/2014/11/educacion-emocional-en-la-familia.html
La familia es la cuna del aprendizaje. Cuando los padres fomentan la autodirección y la perseverancia y están pendientes de su trabajo escolar, asistencia, etc. los logros de los hijos son mejores.

Sin embargo, cada vez menos familias están satisfaciendo estas necesidades, algunas centran su atención en satisfacer lo material, la imagen o lo externo. Incluso la figura paterna está pasando menos tiempo con sus hijos, ofreciendo menos consejos, y estableciendo menos límites, por ende, menor ejemplo.

Ser padres es una labor difícil por naturaleza, y los padres debemos tener más intención que nunca de crear una vida familiar y estar más alertas sobre cómo educar a nuestros hijos en la moral. El buen carácter se fundamenta en el desarrollo intelectual y moral.

Hagamos de nuestros hijos la prioridad principal.

Veamos 11 principios prácticos que ayudan a formar el carácter, según Thomas Lickona, en esta primera parte revisaremos 5 de ellos.

1. Que el desarrollo del carácter sea de máxima prioridad.
Pensemos a futuro: ¿Cómo afectará lo que hacemos ahora como padres al carácter de nuestros hijos en el futuro?, ¿Qué clase de carácter queremos que tengan nuestros hijos cuando sean hombres o mujeres adultos?, ¿Serán adultos trabajadores, generosos y responsables?, ¿Serán buenos esposos o esposas, y madres y padres competentes?, ¿Cómo podría afectar estos resultados nuestra forma de abordar la labor de ser padres?.
Nuestro carácter consta de nuestros hábitos. Los hábitos que formamos de niños y adolescentes muchas veces perduran hasta la edad adulta. Imaginemos que algún día les pregunten a nuestros hijos ¿Cómo influyeron tus padres en el desarrollo de tu carácter? ¿Qué nos gustaría que respondieran?

2. Sé un padre de mucha autoridad.
Basémonos en el artículo “límites en la adolescencia”


3. Ama a tus hijos.
La seguridad y valía de una persona se fundamenta en el amor recibido. Respondemos a la autoridad cuando nos sentimos amados y respetados.

Madre Teresa.JPG
La calidad de nuestra comunicación es el elemento indispensable para una buena relación. Intercambiar pensamientos y experiencias en un ambiente sano, tranquilo y empático genera un estrecho lazo entre las personas.

Dedicar tiempo para conversar sobre intereses, anhelos, problemas, inquietudes fortalece la vida familiar.

4. Enseña con el ejemplo.
Además de tratar a los hijos con amor y respeto, es indispensable dar un buen ejemplo en el trato entre cónyuges, aunque estén separados los padres es importante la forma en que se comunican, si es en forma justa, la clase de lenguaje que se emplea, esto es lo que observan y aprenden los hijos y muchas veces es lo que más hiere.

También es importante el ejemplo que damos al tratar y hablar de otras personas afuera de la familia: familiares, amigos, vecinos, maestros, etc.

Las posturas que mantenemos hacia los temas morales definen nuestros valores y refleja lo que es más importante para nosotros. Si nuestros hijos nunca ven que defendemos lo que creemos, nunca vamos contra la corriente, ¿cómo podemos esperar que tengan el valor de hacer frente a la presión de sus pares?

5. Gestiona el entorno moral.
Frecuentemente utilizamos frases como: “porque lo digo yo”, “no importa lo que piensas aquí se hace lo que yo digo”, etc. sin dejar claras nuestras razones morales, esto lo único que provoca es resentimiento en nuestros hijos en lugar de desarrollar la conciencia y el control interno que buscamos.

Gestionar el entorno moral de hoy en día también significa ejerce un mayor grado de supervisión que en el pasado. Los padres debemos intervenir estableciendo reglas y expectativas, conociendo las actividades de nuestros hijos, a sus amigos, sus comportamientos y vigilar que sean adecuadas a su edad. Al hacerlo aseguramos un ambiente más sano y los alejamos del consumo de alcohol, drogas, tabaco. Hagamos un esfuerzo por ofrecerles ambientes que eleven el espíritu y la nobleza.

Es en la familia donde se educa la moral.

Continuará...

LICKONA, Thomas. (2010). Carácter, cómo ayudar a las nuevas generaciones a desarrollar el buen criterio, la integridad y otras virtudes esenciales. México: Producciones Educación Aplicada.

Elaborado por: Rocío Tellería Beltrán. Licenciada en Pedagogía por la Universidad Panamericana. Instructora en Procesos de Calidad de Philip Crosby. Cursos de Orientación familiar. Coordinadora del Programa SER Joven y SER Padres. Coordinadora de Desarrollo Humano de la Escuela Dr. Alberto Zoebisch

2 comentarios:

javier rosales dijo...

Excelente apoyo para quienes estamos transitando por el proceso de formación de adolescentes, Gracias.

Eliana Moreno dijo...

Felicidades por esta publicación! La paternidad es un tema de gran interés sobre todo porque no importa la edad de nuestros hijos, siempre nos necesitan en cada crisis que las diferentes etapas de la vida les presenta. Los publicado es una herramienta de reflexión para dar un nueva perspectiva a nuestro actuar como padres.

Eliana Moreno Castellanos
Ex-alumna